Tuesday, October 11, 2005

Especies del metro IV

El hablador compulsivo
Para ir a trabajar a parte del metro cojo el tren hasta l’Hospitalet. La semana pasada, me tocó ir en uno de esos antiguos en el que puedes bajar las ventanillas y que en lugar de asientos tiene sofás. Al llegar a la estación de Sants se vacia el vagón, de los 200 que vamos en él, nos quedamos un currela y yo, cara a cara. Pienso, “es curioso que de todos los que vamos sólo quedemos él y yo, justo uno enfrente del otro”. A mi me gusta la tranquilidad e ir a mi aire, y espero que no sea de esos que necesitan hablar con cualquiera que se encuentra. Murphy vuelve a hacer de las suyas.
En un trayecto de cinco minutos, que a mi me parecen años luz, el tipo me habla, más bien me grita, sobre un millón de temas disparatados. Lo curioso es que los enlaza de forma natural.
El tipo suda más que Camacho en el mundial de Korea y, despues de abrir unas ventanillas, me empieza a hablar de cuánto calor tiene, de lo incómodos que son estos trenes que no tienen aire acondicionado, que si en tal línea aún circulan los trenes de la serie 418. Luego que los de la serie 403 son los que van para Girona, pero que los mejores son los de la 500 y pico, y yo que pienso “Por qué coño me he tenido que quedar solo con este individuo ansioso por hablar, que ni si quiera le da tiempo a pronunciar todas las palabras que le vienen a la boca. A ver si se atraganta y se calla”.
Después de recitarme todos los modelos de la red de Cercanías de Renfe, se mete en que los coches contaminan más que los trenes, y que hay que salvar el planeta de la destrucción causada por el cambio climático. Según él las películasde Hollywood vaticinan grandes catástrofes como el tsunami o el Katrina, por que los directores de cine van a hablar con los científicos para coger ideas y con ellas realizar películas.
Para él, la gran culpa de estos desastres la tienen los políticos, que no se preocupan por el futuro, incluso parece que no tengan hijos como tiene él, y que les importa una mierda lo que le pueda pasar a la Tierra.
Hasta aquí, si no contamos la exaltación con que se expresa, podría paracer una conversación-monólogo mantenida con cualquier persona. Pero hé aquí que, debido a la emcoción de sentirse escuchado, el tipo se lanza y destapa las teorias paranoico-surrealistas que ha construido tras décadas de observación y reflexión. Debido a la destrucción de nuestro planeta, tendremos que emigrar a otro, pero cuando esto suceda no tendremos la tecnología necesaria para hacerlo. Ni siquiera los extraterrestres querrán nuestro planeta, por que él, él cree en los extraterrestres, es más, se fia más de ellos que de los políticos.
Los políticos no saben ni un 5% de lo que pasa en la calle. Un cuñado suyo es policía nacional, y le ha explicado que hay muchas cosas raras que no llegan a los medios de comunicación, que no ven la luz. Él ya no se fía de nadie y va ojo avizor por la calle por que no quiere que le roben ningún órgano, ya que hoy en día, cualquiera te pone un pañuelo con cloroformo en la nariz, te duerme, te lleva a un sitio donde te quitan los riñones o un pulmón y te tiran en un vertedero. Está preocupadísimo por su seguridad y por la de sus hijos, por que esto viene de muy arriba, de gente con mucho poder. Por suerte, cuando empieza a hablar de conspiraciones a gran escala entre potencias mundiales como USA, Rusia, Japón, etc., llegamos a destino y puedo salir corriendo, dando gracias por que aquel desequilibrado solo le hubiera dado por hablar y por nada más.

3 comments:

Desequilibrado said...

Se me habia olvidado mencionar el modelo 190.

Raquel said...

¿Eres un apasionado por los trenes?

Maribel said...

Tus Especies del metro me han encantado. Además de hacerme reir, me han recordado todas esas personas a las que también observaba cuando iba todos los días en transporte público (ahora el trabajo me ha convertido en otro habitante más de los atascos). Uno de mis entretenimientos favoritos era observar a los pasajeros e invertar cuál sería la historia de cada uno de ellos, qué era lo que les preocupaba, a dónde iban. Pero una cosa es imaginarse su historia y otra que te la cuenten...Sobre todo los taxistas. Será que sólo cojo taxis cuando salgo de noche, pero ¿por qué tienen tantas ganas de comentar las noticias del día? Y sobre todo ¿por qué hacen afirmaciones categóricas cuándo no tienen ni idea de cuál puede ser la opinión del pasajero? El premio se lo lleva un taxista que me dió una elocuente charla sobre lo mal que conducían las mujeres y porqué no deberían dejarlas conducir...